Cuando, al amparo de tu cuerpo, me recibes,
lejos de toda duda, mi piel contra tu piel a oscuras…
Imagino, siento, ese sueño ya sin distancia;
segundo, sin pérdida, tacto…
Ese tú de mi boca, ese ánfora bajo la lluvia,
sed desde la sed del agua.
Cuerpo a cuerpo, ya bajo el alba;
ya, sobre el temblor del horizonte…
¡Nuestro sueño que se levanta!
Como las agitadas alas de un poema,
al viento y necesario.
Como revivido y cálido sueño,
recién nacido.
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