
COMO VIAJERO DEL VIENTO O TEMPESTAD INACABADA
Este lugar estará siempre abierto - como los sueños –
porque el deseo tiene tanta fuerza como el viento de la palabra.
Implacable criatura terrestre, marinera a veces;
otras, amarillo incandescente,
verde o esperanto…Viento, viento, viento,
como cuando vienes del árbol !
Como hueso liberado de la sombra,
apareces y desapareces,
entre las hojas y los ojos que florecen.
Así tan de repente,
mientras vuelven los días y las noches de largo.
Porque suenan mil golpes, suenan,
le pongo tempestad inacaba de nombre al poema;
mientras coloco a salvo, el papel, las olas,
su sangre fría, la mía tan caliente al borde del agua.
Momento abismado, éste de la orilla,
al este del tiempo, de allí su alimento.
Como si se hubiera bebido toda la tierra
la tempestad ha vuelto,
sobre el vacío ahora de su peso que se levanta.
Porque siguen alejándose desde entonces,
el mástil, la vela, el gallardete; barco tras barco
allí perderse, bajo el misterio del horizonte de nadie;
mientras la sal grita herida y desnuda…
- ¡ Mi rostro, mejilla, quemadura!
Aquí, mandamiento levantado como recuerdo,
ola tras ola...La palabra a secas, tan escrita.
Porque algo me atrae, me ata y me obliga,
humeante aún sobre la arena,
de no ser lo que fuera, sin saber lo que supiera.
Entonces…La tempestad gira
rayo, corazón en hebra.
Aquí frente al mar, la orilla,
mi reencuentro con la palabra que se abre.
A voces. Por tan infinitas de veces.
Viento, viento, viento…
Como cuando nace del habla.













































































































































