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*
De allá vengo, donde la esperanza.
A manos llenas,
aún a dentelladas del tiempo.
De la piel que se acerca
como el desierto al agua.
Desnudos ambos de ámbares y palacios,
de huellas que viven de nuestra última palabra.
De allá vengo, donde la esperanza
vive y blanca, como sal y húmeda.
Tan diminuta.
Pero no estaba en la montaña, si no delante.
En donde el verde último, nos arranca el habla.
A manos llenas,
aún a dentelladas del tiempo.
De la piel que se acerca
como el desierto al agua.
Desnudos ambos de ámbares y palacios,
de huellas que viven de nuestra última palabra.
De allá vengo, donde la esperanza
vive y blanca, como sal y húmeda.
Tan diminuta.
Pero no estaba en la montaña, si no delante.
En donde el verde último, nos arranca el habla.
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